«Zurita vuelve a rescatarme con sus palabras cuando dice que no se trata de que tanto dolor, muerte y asesinatos en todas partes del mundo nos obliguen a sentirnos permanentemente culpables por ello, pero sí de comprender que, desde el momento en que haya un solo desaparecido en Sudamérica o un solo torturado en el mundo, todos los demás somos sobrevivientes (de un sistema que no dudaría en desaparecernos) y solo por eso hablamos.