(Pintura). La mirada estaba perdida, como errante caminando hacia una bruma y absorbiendo en ella su oscuridad, su incertidumbre, su inexactitud. El ambiente fagocitaba su ser, su alma, su falta de pasiones y destino. Sus ganas ya no eran tales; quería largarse, pasar, vivir y obligarse a amar porque tocar ese instrumento tan sólo le había abocado a la soledad, a la incapacidad de controlar sus pasos.