En un país donde los bancos parecen inalcanzables para los más pobres, millones de ciudadanos recurren a una solución más sencilla, más rápida y, sobre todo, más mortal: el “gota a gota”. Esta modalidad criminal no es solo un drama financiero; es un síntoma político, un mensaje contundente del Estado hacia sus ciudadanos más vulnerables: “arréglenselas solos”.