Verónica Cañas apenas alcanzó a tomar a su hijo de seis años y ponerse los zapatos antes de salir corriendo de su departamento en Caracas. Mientras bajaba las escaleras, las paredes comenzaron a resquebrajarse y parte de la fachada empezó a desprenderse. A unos kilómetros de ahí, Eduardo Burger, de 50 años, veía cómo un edificio en Altamira se ondulaba mientras otro perdía fragmentos de su estructura.