Yo era John Wayne. Me refiero al de La diligencia, Río Rojo, El hombre tranquilo, Río Bravo y Centauros del desierto. La lista es mucho más larga, pero por ahora basta con esos títulos para marcar el tono de estas líneas: una infancia construida entre polvo, caballos, pistolas imaginarias y horizontes lejanos que no existían en Santiago… pero que yo veía todos los días. La televisión en mi primera infancia la recuerdo con una mezcla de emoción y ritual.