TEGUCIGALPA (AP) — Durante más de 30 años, Javier Gámez y María Barahona trabajaron, ahorraron y estudiaron para sacar a su familia adelante. Gámez llenaba bolsas con arena del río Choluteca, que serpentea por la capital hondureña, y lustraba zapatos en un parque del centro mientras Barahona vendía plátanos y naranjas de una canasta.Continuaron su educación, se convirtieron en contadores y criaron a tres hijos que ahora son adultos con carreras profesionales.