El jueves 21 de mayo Laviana parecía suspendida en una de esas tardes que se quedan flotando en la memoria colectiva de los pueblos. Hacía calor, un calor amable de primavera avanzada, y la gente disfrutaba de las calles y de la vida al aire libre mientras, dentro del salón de actos del Cidan, las antiguas Escuelas Elena Sánchez Tamargo, se reunían decenas de personas para recordar a Carmen Díez de Rivera.