“Si naciste pobre, no es tu culpa; pero si mueres pobre, sí es tu culpa” (Bill Gates). En las últimas décadas, la riqueza privada se ha expandido drásticamente en las economías desarrolladas. Sin embargo, esta expansión ha generado una paradoja: mientras que las medidas relativas de desigualdad (como el coeficiente de Gini) sugieren estabilidad o incluso una ligera mejora, las brechas absolutas en términos de dinero real no dejan de crecer.