Una mujer se abanica en plena ola de calor en Vigo. / Pablo Gamarra Como esto siga así, voy a tener que cambiar la gorra por un turbante y el Peugeot por un camello. Aunque, visto cómo está el tráfico ahora en julio por mi pueblo, tampoco iba a notar tanta diferencia. Tendremos que acostumbrarnos a las olas de calor, a las alertas rojas, a refugiarnos bajo tierra como los lemures y a aprovechar la «fresca» de las noches. Eso, con suerte.