Hace once años tuve la gran fortuna de regresar a casa, a La Guajira. Durante mucho tiempo perseguí ese propósito, pero fue el sector minero, y en particular Cerrejón, a través de sus fundaciones, el que me abrió la posibilidad real de volver. Volver no solo a vivir, sino también a trabajar, a construir y a comprender, desde adentro, cómo se impulsa el desarrollo de un territorio desde el sector privado. Lo digo con convicción: me siento orgulloso de haber sido parte de Cerrejón.