La Patria está mortalmente herida. Tras una cadena de triunfos asombrosos, la situación se estanca. La toma de la capital en acción relampagueante no asegura el dominio sobre el país. Una revolución que pierde impulso se debilita y sus enemigos la acosan. Los triunfos que culminan en la batalla de Araure han descuidado la cuestión social. Los pobres siguen siendo pobres; los pardos, segregados y menospreciados; los esclavos, meras propiedades.