Marc Vidal
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Articles by Marc Vidal
Medio internet tenía la puerta abierta y nadie pagaba la cerradura
El fallo llevaba unos catorce años en el motor de casi siete de cada diez webs del mundo. Esta semana, Mizuho, MUFG, Japan Airlines, las prefecturas francesas y el Parlamento neerlandés se desconectaron por precaución. Nadie los había atacado. Se apagaron ellos mismos porque no sabían si la cerradura funcionaba. Las dos vulnerabilidades, bautizadas como PHP2Shell, permiten ejecutar código en un servidor sin usuario ni contraseña, en algunos casos antes de que la propia web llegue a cargar.
Lo que pasa de verdad dentro de un modelo de lenguaje
Un modelo de lenguaje no lee palabras. Trocea el texto en tokens, fragmentos de pocas letras, y convierte cada uno en una lista de números llamada embedding. En ese espacio numérico, "rey" y "reina" quedan cerca y "rey" y "tornillo" quedan lejos. La atención es el cálculo que decide, para cada token, a qué otros tokens de la frase debe prestar peso. Y al final de la cadena hay una sola operación: predecir el siguiente token.
Functional characterization of viral transcriptional regulators reveals extensive rewiring of host pathways
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Abstract Viral transcriptional regulators (vTRs) reprogram host gene regulatory networks to promote replication, persistence, and immune evasion. Despite the identification of hundreds of vTRs in human viruses, how they rewire host pathways remains unclear. Here, we systematically profiled 95 vTRs from diverse human viruses across multiple functional assays.
By Jaice T. Rottenberg, Xing Liu, Luis F. Soto-Ugaldi, James E. Corban, Phillip J Dexheimer, Matthew R. Hass, Clarissa Santoso, Ryan Lane, Sakshi Shah, Kerstin Spirohn-Fitzgerald, Shubham Khetan, Cheng-Che Lee, Zhaorong Li, Yunwei Lu, S. Stephen Yi, Nidhi Sahni, Martha L. Bulyk, Michael Calderwood, Leah C. Kottyan, Matthew T Weirauch, Marc Vidal, Srivatsan Raman, Juan Bass, Mohamed Y. ElSadec, Anna Lagani, Cailing Yin, Berkay Engin, George Muñoz-Esquivel, Lucia Martinez-Cuesta, Philipp Trollmann
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La industria del miedo a la IA factura bastante bien
Los que fabrican inteligencia artificial son exactamente los mismos que nos advierten de que la inteligencia artificial podría extinguirnos. Nadie vende un producto avisando de que puede destruir el mundo, salvo que decir eso le resulte rentable. No hace falta una conspiración. Basta con que los incentivos apunten todos en la misma dirección. Para una empresa, el miedo es la mejor descripción de potencia que existe. Un software capaz de amenazar a la especie ya no es un chatbot que falla al sumar.
EEUU presiona al G20 a no regular la IA.
El mismo martes en que Michael Kratsios presentaba los Carolina Principles en Chapel Hill, la Comisión Europea enviaba solicitudes de información a más de 30 empresas de IA. Dos gobiernos, el mismo día, construyendo relatos opuestos sobre el mismo problema: qué hacer con una tecnología cuyos propios creadores admiten no controlar del todo. La versión oficial es coherente en ambos lados.
La IA no destruye oficios: vacía por dentro a los que sobran
Ahí está la primera paradoja. Los desarrolladores web figuran entre las profesiones de mayor exposición, según recoge TechInformed, y aun así el propio BLS proyecta que su empleo crecerá casi un 4% hasta 2035. Los representantes de atención al cliente, en cambio, sí caerán: un 5%, unos 141.800 puestos menos. Y el bloque más golpeado no es tecnológico sino burocrático: el personal administrativo y de oficina perderá 752.100 empleos, la mayor contracción de cualquier gran categoría ocupacional.
El robot que clasifica paquetes ya sabe cobrarte en caja
En el centro postal de Jianggao, en Cantón, un robot humanoide clasifica 1.200 paquetes por hora sin descanso. Lo llamativo no es la cifra: en una prueba controlada, un humano todavía le ganó por 192 paquetes. Esa es, precisamente, la mala noticia.
Cuando prohibieron el Walkman por “tu bien”.
En julio de 1982, el pleno de Woodbridge (Nueva Jersey) aprobó por unanimidad una ordenanza que castigaba con 50 dólares de multa y hasta 15 días de cárcel cruzar la calle con los auriculares del Walkman puestos. Un jubilado llamado Oscar Gross se los colocó a un policía en la cabeza para forzar la denuncia y poder recurrirla. La ley sigue vigente. Imagen pessimistsarchive/org Ese recorte circula hoy dentro de un género propio: el archivo del pánico.
El torneo de Shenzhen: I+D disfrazada de espectáculo
Se llama URKL, lo organiza la firma de robótica EngineAI y compiten 32 equipos seleccionados entre más de 60 candidaturas globales: Tsinghua, Zhejiang, la Universidad de Hong Kong, Stanford y Berkeley. Todos pelean con la misma máquina, el T800 de EngineAI, 1,73 metros de altura. La empresa se lo entrega a cada equipo gratis. El ganador se lleva un cinturón de diez kilos de oro puro valorado en unos 1,44 millones de dólares Ahí está el mecanismo, y no lo esconde nadie.
Bruselas afloja a la banca; a comprar deuda
La versión que circula es técnica y tiene su parte de razón. El marco de capital acumula capas superpuestas: Basilea, Pilar 2, colchones sistémicos, anticíclicos. Cuando el límite de apalancamiento se activa antes que el resto, el banco tiene un incentivo perverso a sustituir activos seguros por otros más rentables que consumen el mismo capital. Simplificar tiene sentido. Ese argumento no es una excusa, es correcto. Lo que casi nadie explica es qué restringe exactamente ese ratio.
Por qué Suecia tiene tanto paro juvenil.
En mayo, Eurostat colocó el paro juvenil de Suecia en el 24,4% y el de Finlandia en el 23,9%, ambos por encima del 23,7% de España. Sorprende que dos de los Estados de bienestar más admirados del mundo tengan más jóvenes sin trabajo que el país que lleva décadas instalado en la cabeza de esa tabla. Y sin embargo el dato es correcto. Lo que falla es la lectura rápida que casi todos hacen de él, y esa lectura es justo la que conviene desmontar. Lo primero que engaña es el propio número.
Pagan por que su IA hable como un cavernícola
Hace unas semanas, quince directivos de una de las mayores consultoras del mundo se reunieron por un problema que nadie quería nombrar en público: la factura de la inteligencia artificial se les había ido de las manos. No por sistemas complejos ni por ingenieros ambiciosos. Por empleados sin perfil técnico convirtiendo documentos en diapositivas un martes cualquiera, sin saber que cada clic tenía precio. Durante meses, quemar tokens dio estatus.
La IA solo es segura si la controla quien la vende
La aparente contradicción se disuelve cuando entiendes su marco mental. Puertas adentro, sus directivos se llaman a sí mismos "los buenos": los únicos capaces de gestionar con responsabilidad una tecnología peligrosa y, por eso, la única empresa en la que se puede confiar. La investigadora Helen Toner lo resume con una imagen. La IA es un bosque lleno de tesoros y de monstruos. Anthropic quiere adentrarse más que nadie, mientras dice que invierte en domar a las bestias.
La IA no fabrica mentes perezosas: las evidencia.
En 2025, un equipo del MIT conectó a 54 personas a electroencefalogramas para medir qué le ocurre al cerebro cuando se delega la escritura en ChatGPT. El resultado fue inequívoco: menor conectividad neuronal, peor recuerdo, casi ningún sentido de autoría sobre el propio texto. Los titulares hablaron de "deuda cognitiva". Pocos repararon en lo que el estudio no probaba: que la máquina hubiera causado la pereza. Vivimos en una cultura que prefiere culpar antes que examinar.
El salario ya no es una promesa.
Entre 1987 y 2019, la participación de los salarios en el PIB de Estados Unidos cayó del 67,8% al 58,4%. No fue una crisis. Fue una tendencia. Silenciosa, constante, perfectamente documentada y políticamente ignorada. Lo que esos números describen no es un problema coyuntural de negociación colectiva: es el colapso del contrato implícito sobre el que se construyó la democracia de posguerra. El acuerdo según el cual trabajar garantizaba, si no prosperidad, al menos dignidad económica.
Bruselas decidirá lo que vas a ver.
El mecanismo se llama "prominencia de los servicios de interés general" y suena tan aburrido que casi nadie lo ha leído. Eso no es un accidente. El lenguaje técnico es, desde siempre, el disfraz favorito del poder para hacer cosas que no resistirían la luz pública. La Comisión Europea abrió una consulta formal sobre la revisión de la Directiva de Servicios de Comunicación Audiovisual, abierta hasta el 21 de diciembre de 2025.
La gramática del control
La Digital Services Act no es una ley de seguridad digital. Es una arquitectura de control institucionalizado sobre el discurso público, diseñada con el lenguaje de la protección y el andamiaje de la censura. Diecisiete investigaciones abiertas, un equipo de 127 funcionarios que pronto serán 187, multas de hasta el 6% de la facturación global. Lo llaman "cumplimiento".
El espejo alemán
El pasado 28 de abril, varios medios alemanes recibieron un documento antes de que ningún ministro se pusiera delante de un micrófono. Era el acuerdo entre la CDU de Friedrich Merz y el SPD.
La IA ya no es un debate tecnológico. Es una batalla por el poder.
Y sin embargo, aquí en Europa, el debate sobre inteligencia artificial sigue girando en torno a si las imágenes generadas deben llevar marca de agua, si los chatbots son creativos o no, si la ética del algoritmo cumple con los estándares del comité correspondiente. Hay dos conversaciones ocurriendo en paralelo. Una es ruidosa y llena de titulares. La otra es silenciosa, técnica, y es la que va a definir quién tiene el poder durante las próximas décadas.
La tecnología que convierte el duelo en suscripción
No es la primera vez que la tecnología invade territorios que antes pertenecían a lo íntimo. La fotografía del siglo XIX ya fue acusada de “robar el alma”. El fonógrafo permitió escuchar a muertos por primera vez. Pero lo que estamos viendo ahora es distinto: no es reproducción, es simulación interactiva. Es un salto cualitativo. Y como siempre, el discurso oficial llega envuelto en una narrativa terapéutica.
Experimental assessment of AI-based interactome mapping
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Abstract Genotype-phenotype relationships are mediated through intricate networks of physical and functional interactions among macromolecules. Knowledge of the interactome is vital to understand and model genetics and cellular biology.
By Luke Lambourne, Anupama Yadav, Yang Wang, Dae-Kyum Kim, Florent Laval, Kerstin Spirohn-Fitzgerald, Tiziana M. Cafarelli, Istvan Kovacs, Noor Jailkhani, David De Ridder, Katja Luck, Olivia Debnath, Yun Shen, Zhipeng Yang, Miles W. Mee, Mohamed Nabil Helmy, Yves Jacob, Irma Lemmens, Thomas Rolland, Atina G Cote, Marinella Gebbia, Nishka Kishore, Jennifer Knapp, Joseph C. Mellor, Gonen Memisoglu, Jüri Reimand, Jan Tavernier, Michael Cusick, Quan Zhong, Patrick Aloy, Benoit Charloteaux, Frederick Roth, Pascal Falter-Braun, David Hill, Michael Calderwood, Jean-Claude Twizere, Marc Vidal, Alice Desbuleux, Sadie Schlabach, Vladimir V. Botchkarev Jr., Wenting Bian, Gregory G. McClain
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La muerte del dinero tal como lo conocemos
El billete que lleva usted en el bolsillo —si es que aún lleva alguno— es un cadáver que no sabe que está muerto. Durante milenios, el dinero físico fue sinónimo de libertad: anónimo, fungible, imposible de rastrear. Un campesino del siglo XII podía guardar sus monedas bajo una piedra sin que ni el rey ni el recaudador supieran cuántas tenía. Esa era de soberanía individual sobre el patrimonio está terminando.
Los nuevos imperios: datos, energía y biotecnología
Primer pilar: los datos. Estados Unidos alberga casi 4.000 centros de datos operativos, más que cualquier otro país del mundo, según Visual Capitalist. El mercado global del big data alcanzará los 454.000 millones de dólares en 2025 y superará el billón en 2034. Pero la cifra relevante no es el tamaño del mercado, sino su geometría: las cinco principales empresas controlan aproximadamente el 35 % de los ingresos de software.
Cuando los imperios olvidan innovar: lecciones de Bizancio.
El Imperio bizantino duró 1.123 años. Lo repito porque la cifra merece ser digerida lentamente: más de un milenio de continuidad estatal, desde la fundación de Constantinopla en 330 hasta su caída en 1453. Ninguna estructura política occidental se le acerca. Y sin embargo, cuando decimos «bizantino» queremos decir enrevesado, decadente, anquilosado. Edward Gibbon fijó ese prejuicio en el siglo XVIII y la historiografía popular nunca se recuperó.
El fin del individuo: identidades líquidas en la era digital
Zygmunt Bauman acuñó el concepto de modernidad líquida para describir una sociedad donde las estructuras sólidas —empleo estable, comunidad, familia, roles predefinidos— se disuelven en flujos constantes de cambio. La identidad deja de ser un legado y se convierte en un proyecto inacabable, una construcción permanente sin planos definitivos. Pero Bauman escribió Modernidad líquida en el año 2000, antes de Facebook, antes del iPhone, antes de TikTok.
De la revolución industrial a la revolución digital: ¿realmente hemos aprendido algo?
Los luditas, esos artesanos que entre 1811 y 1816 destruyeron telares mecánicos en el norte de Inglaterra, han sido caricaturizados durante dos siglos como enemigos primitivos del progreso. TIME recoge la tesis del historiador Brian Merchant, quien demuestra que los luditas no eran antitecnológicos: muchos eran expertos en maquinaria y acogían las innovaciones que facilitaban su trabajo.
El algoritmo como jefe supremo: cómo será trabajar dentro de 20 años
El caso más brutal y mejor documentado es Amazon. MIT Technology Review reveló que el sistema de seguimiento de productividad de la compañía generaba automáticamente advertencias y despidos sin intervención de supervisores humanos. Cerca de 300 trabajadores fueron cesados en un solo centro logístico en apenas trece meses. El trabajador no discute con un gerente: discute con una función matemática que desconoce su nombre.
La IA y la burbuja puntocom: por qué el paralelismo más popular puede estar equivocado
Hoy, muchos analistas miran al sector de la inteligencia artificial y ven el mismo patrón. Titulares como "esto es el año 2000 otra vez" o "la burbuja de la IA va a estallar" llenan portadas y newsletters. El paralelismo parece tan evidente que casi nadie lo cuestiona. Pero los paralelismos fáciles suelen ser trampas intelectuales. Y este, en particular, merece un examen más cuidadoso.
La paradoja de la productividad: por qué más tecnología no siempre significa más riqueza
La pregunta que nadie termina de responder satisfactoriamente es esta: si la tecnología hace que las empresas sean más eficientes, ¿por qué el crecimiento de la productividad en las economías avanzadas lleva años siendo mediocre? Qué mide realmente la productividad y por qué importa tanto Antes de buscar la respuesta, conviene precisar el problema. La productividad no es una abstracción académica. Es la métrica que determina, más que ninguna otra, el nivel de vida de un país a largo plazo.
Verificar la edad en redes sin perder el anonimato: el debate mal planteado
El error de base está en confundir identidad con atributos. Para saber si una persona puede entrar en una red social, no es necesario conocer su nombre, su DNI o su fecha exacta de nacimiento. Solo hace falta una cosa: saber si cumple una condición mínima, por ejemplo, tener más de 16 años. Todo lo demás es información sobrante. En el mundo digital moderno existen mecanismos diseñados precisamente para esto. El más sólido son las pruebas de conocimiento cero (Zero-Knowledge Proofs).
Por qué importar trabajo barato es la peor estrategia posible.
I. La invención del empleo absorbente y la ficción de la integración permanente Durante la mayor parte de la historia humana, las sociedades no se organizaron alrededor de la absorción ilimitada de mano de obra. La vida giraba en torno a la tierra, el clan, la familia extensa o el oficio transmitido. El trabajo no era un mercado, era una función social.
La Gran Renuncia Silenciosa: De Propietarios al Alquiler Perpetuo
Este ensayo explora cómo una sociedad de propietarios se está transformando, casi imperceptiblemente, en una sociedad de dependientes. No es una conspiración orquestada desde despachos ocultos, sino el resultado acumulativo de decisiones económicas, políticas y culturales que, tomadas por separado, parecen razonables o inevitables, pero que en conjunto producen un cambio estructural de enorme calado.
La nueva guerra fría: Estados Unidos y China en 2045
En el siglo pasado, el miedo era la bomba atómica; hoy es la pérdida de autonomía. Cada vez que alguien entrega sus datos biométricos a una aplicación o consume noticias moduladas por una IA, escoge bando sin saberlo. Estados Unidos, con su industria tecnológica privada, aspira a moldear el mundo a través del deseo; China, con su aparato estatal, lo controla mediante la obediencia. Uno seduce, el otro disciplina. Dos formas opuestas de lo mismo: ingeniería del comportamiento masivo.
De trabajadores a mantenidos: el salario universal en perspectiva
El salario universal parte de una premisa moralmente seductora pero intelectualmente perezosa: que el trabajo es una condena, y que liberarnos de él mediante una renta fija nos acercaría a la felicidad. Pero el trabajo —en su sentido más amplio— no es solo una fuente de ingresos; es el ejercicio de la competencia, la creatividad y la dignidad. Pretender sustituirlo por un depósito mensual del Estado equivale a vaciar de contenido la libertad misma.
2045: ¿habrá empleo o solo ocupaciones digitales subvencionadas?
En 2045, quizás el empleo no exista. No porque las máquinas nos hayan sustituido, sino porque habremos renunciado a competir con ellas. Será la era dorada del “trabajo simbólico”: millones de ciudadanos entretenidos en actividades digitales de utilidad dudosa pero altamente subvencionadas. “Creadores de comunidad”, moderadores éticos, consejeros de empatía virtual. Una burocracia emocional diseñada para mantenernos ocupados sin producir nada esencial.
¿Rothbard tenía razón? ¿el Estado es enemigo del mercado?
La historia económica ofrece abundantes episodios donde el poder político ha distorsionado el libre intercambio en nombre de causas nobles. Desde los monopolios reales británicos hasta los rescates bancarios de 2008, el patrón se repite: el Estado protege a ciertos actores, manipula los incentivos y luego predica moralidad económica. Rothbard veía en ello la prueba de que el Estado no corrige los fallos del mercado, sino que los produce selectivamente para justificarse.
Europa 2045: ¿un museo del mundo o un actor relevante?
Excelente planteamiento: un ensayo provocador con una mirada crítica sobre el futuro europeo, la tecnología y la libertad individual. A continuación, presento un artículo de unas 500 palabras que cumple tu solicitudEuropa envejece con la solemnidad de un continente que confunde la nostalgia con la identidad.
ha sido lingüístico. La verdadera batalla por el poder no se libra en los parlamentos ni en los mercados, sino en el diccionario.
El gran triunfo de las élites contemporáneas no ha sido económico ni tecnológico: ha sido lingüístico. La verdadera batalla por el poder no se libra en los parlamentos ni en los mercados, sino en el diccionario. Quien controla el significado de las palabras controla el marco mental de la sociedad. Y cuando la gente piensa dentro de marcos prestados, deja de pensar por sí misma.
El teletrabajo como espejismo de libertad
La gran promesa del siglo XXI llegó disfrazada de emancipación: “trabaja desde donde quieras”. Qué tentador. Qué elegante. Qué falso. El teletrabajo se vendió como una revolución libertaria, pero en muchos casos terminó siendo una sofisticada trampa: un espejismo de libertad diseñado para que el individuo crea que controla su vida mientras la estructura que lo rodea estrecha aún más su radio de acción.
El capitalismo de plataformas: del empleo al algoritmo
El capitalismo de plataformas es la última mutación del sistema: elegante, higiénica y supuestamente meritocrática. Un mundo donde ya no trabajas para una empresa, sino para un algoritmo; donde no tienes jefe, pero sí un conjunto de ecuaciones que decide tu visibilidad, tu reputación y, por supuesto, tus ingresos. Es la versión 3.0 del viejo contrato social: el empleo se disuelve y aparece una relación mucho más asimétrica, disfrazada de oportunidades infinitas y autonomía emprendedora.
Conspiraciones oficiales: cuando la verdad parece sospechosa
Pocas ironías son tan deliciosas como esta: vivimos en una era en la que todo el mundo teme caer en “teorías de la conspiración”, pero casi nadie se da cuenta de que las conspiraciones más influyentes no son las clandestinas, sino las oficiales. Las que no se susurran en sótanos, sino que se anuncian en ruedas de prensa. Las que no fabrican foros oscuros, sino instituciones respetables. Esas son las verdaderamente peligrosas, porque operan bajo el prestigio de la legitimidad.
Reskilling: la palabra mágica que nadie entiende
El “reskilling” se ha convertido en la nueva pócima milagrosa del discurso institucional: una etiqueta brillante que promete salvarnos del apocalipsis laboral provocado por la automatización. Políticos, consultoras y organismos internacionales la repiten con la misma devoción con la que, en otros tiempos, se invocaba a la diosa Fortuna.
La Unión Europea y el déjà vu de Roma: señales de un imperio en declive
Primero, la demografía. Europa envejece y reduce su base laboral mientras mantiene un estado de bienestar exigente. La migración podría ser un bálsamo, pero sin consenso sobre reglas de entrada, integración y reparto de cargas, se convierte en un foco de fricción política. Roma también recurrió a nuevas poblaciones; el problema no fue su llegada, sino la falta de mecanismos estables para incorporarlas al proyecto común. Segundo, las fronteras.
El espejismo del Estado benefactor: ¿protección o dependencia?
El Estado benefactor se presenta como un salvador magnánimo, una red de seguridad diseñada para proteger al ciudadano de las inclemencias de la vida moderna. Sin embargo, detrás de ese discurso compasivo se esconde una maquinaria que no tanto protege como perpetúa la dependencia. La promesa de “seguridad social” se convierte, en la práctica, en una jaula de oro: brillante, confortable a primera vista, pero restrictiva y diseñada para mantener al individuo dócil.
¿Trabajaremos menos o simplemente ganaremos menos?
Primero, el denominador oculto: la intensidad. Las horas caen en papel mientras la presión sube en pantalla. Algoritmos de asignación comprimen tareas y transforman descansos en micro‑tiempos facturables. Menos horas no siempre significan menos trabajo si el ritmo se acelera. Segundo, la distribución de la productividad. Cuando las ganancias se concentran en capital intangible y plataformas dominantes, los salarios no acompañan.
El mito del pleno empleo en la era de la automatización
Primero, la medición. La tasa de paro convencional es un espejo parcial: oculta desánimo, subempleo y jornadas involuntarias. Una economía puede celebrar números “plenos” mientras millones rotan por trabajos frágiles o encadenan horas insuficientes. Segundo, la elasticidad tecnológica. La automatización no elimina ocupaciones completas; trocea tareas. En muchas profesiones, los sistemas avanzados sustituyen segmentos rutinarios y elevan el listón de lo humano hacia lo relacional, creativo o crítico.
La economía de la obediencia: cómo los gobiernos compran silencio
La historia muestra que los regímenes más estables no son necesariamente los más brutales, sino los que han aprendido a maquillar la sumisión como pacto social. Los faraones egipcios distribuían grano en tiempos de sequía, asegurando que las masas identificaran su supervivencia con la continuidad del poder. En la Europa medieval, las monarquías otorgaban privilegios comerciales a gremios leales, comprando con monopolios lo que no podían imponer con espadas.
De Careto a Pegasus: la privatización del espionaje
Cuando en 2014 se descubrió el malware conocido como Careto, el mundo tuvo una breve mirada a las cloacas del poder digital. Un software de espionaje sofisticado, atribuido a un grupo con recursos casi estatales, capaz de infectar sistemas en Windows, Mac y Linux, robar credenciales y vigilar comunicaciones cifradas. Careto marcó un precedente: la vigilancia ya no era solo cuestión de espías con gabardina, sino de líneas de código invisibles.
El Gran Hermano ya no necesita cámaras: la era del rastreo invisible
Primero, los metadatos superan a las imágenes. No hace falta capturar tu rostro si basta con mapear tus patrones de conexión, latencias, horarios y saltos entre antenas. El rastro de analítica, etiquetas invisibles y telemetría compone un retrato más fiel que cualquier cámara. Segundo, las proximidades cuentan historias. Balizas Bluetooth y redes wifi convierten espacios en mapas de co‑presencia. Incluso con identificadores rotativos, la correlación temporal reencola identidades.
El Podcast de Marc Vidal
La Unión Europea gastó en 2024 casi 4,9 billones de euros en protección social, un 27,3% de su PIB y un 7% más que el año anterior. Nunca había gastado tanto. Y, sin embargo, esta semana hay estudiantes cerrando institutos en Lieja, sindicatos convocados en Bruselas y huelgas encadenadas en Italia contra el coste de la vida y el gasto militar. Bélgica es el caso que mejor lo explica.
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