Durante mucho tiempo, los temas de agenda internacional y de política exterior en América Latina y el Caribe fueron tratados como un terreno ajeno a la ciudadanía. Un ámbito reservado a diplomáticos y élites en el que la opinión pública tenía poco que decir y menos aún que influir. Esa idea, sin embargo, resulta anacrónica en una región con vastos recursos estratégicos y afectada por las crecientes tensiones globales.