El verano de 2025 fue el más y el segundo con mayor mortalidad atribuible al calor: se estimaron 15 711 muertes relacionadas con las altas temperaturas. Ante esa realidad, una biblioteca fresca, un centro cívico con fuentes de agua o una escuela abierta pueden marcar la diferencia. Eso constituyen, en esencia, los refugios climáticos: espacios donde resguardarse del calor extremo sin tener que consumir, pagar una entrada ni justificar la necesidad.