En una época en la que las redes sociales exhiben logros, reconocimientos y vidas aparentemente perfectas, el síndrome del impostor se ha convertido en una experiencia silenciosa para millones de personas. Se trata de la sensación persistente de no ser tan competente como los demás creen, acompañada por el temor de ser descubierto como un “fraude”, incluso cuando existen evidencias claras de capacidad y éxito.