Todas las mañanas, cuando el sol aún se asoma tímido sobre la Laguna del Carpintero de Tampico, Pablo llega al mismo lugar. Se sienta en la misma banca, pone su grabadora de mano, selecciona sus canciones favoritas y espera. No pasa mucho tiempo antes de que las hojas de los árboles cercanos comienzan a moverse con ese característico sonido seco. Entonces aparece él: Kevin. Kevin no es un perro, ni un gato, ni siquiera una mascota convencional. Kevin es una iguana.