Odiaba cuando tenía que salir a comprar ropa con mi abuela. Íbamos a una tienda, elegíamos faldas de mezclilla y sostenes deportivos, y nos dirigíamos a los probadores, donde mis hermanos y yo la oíamos conversar con la encargada, sabiendo que en algún momento, sin falta, diría: “Su madre murió. Yo solo soy su abuela”. Lo hizo en American Eagle y Foot Locker, en las cabinas de Applebee’s y en la caja de ShopRite.