La lluvia demoró un poco las cosas, pero antes del mediodía, un camión naranja de la empresa Delmiro Méndez e Hijo cruzó la ciudad, dando inicio a una travesía de miles de kilómetros, primero por aire hasta Berlín y luego por tierra desde Alemania hasta Galicia, en el extremo noroeste de Europa, para trasladar un cuadro argentino casi desconocido en la ciudad de Buenos Aires, pero capaz de enfrentar a las fuerzas políticas españolas.