Tres goles, de Mateo Chávez, Julián Qiñonez y Álvaro Fidalgo, sintetizaron el enorme esfuerzo colectivo de 11 jugadores y sus relevos para completar una tripleta victoriosa en la primera fase de la Copa Mundial que desató una celebración catártica como pocas veces, o quizá nunca, habíamos visto en la historia mexicana. Sí, en la historia, vista en su conjunto y no tan sólo en su historia deportiva.