Resulta tentador pensar que Jeffrey Epstein es una aberración aislada, un hombre depravado a quien su riqueza y sus privilegios protegieron durante demasiado tiempo. De hecho, representa a un personaje que se repite. Podríamos llamar a este tipo de personaje un “conector oscuro”. El conector oscuro no es necesariamente un delincuente, aunque él (u ocasionalmente ella) es inevitablemente un tipo de depredador. Situarse fuera de la moralidad ordinaria es parte de lo que lo hace valioso.