Los pastos marinos, o praderas submarinas, han acompañado a las sociedades humanas durante milenios. Estos ecosistemas, compuestos por plantas con flores adaptadas al medio marino, no solo cumplen funciones ecológicas esenciales —como la captura de carbono, la estabilización de sedimentos y el mantenimiento de la biodiversidad marina—, sino que también han servido de recurso para una amplia gama de usos humanos a lo largo de la historia.