Este gobierno cree estar al socaire del enjuiciamiento de sus conductas y decisiones. La tragedia de Adamuz es buen ejemplo de ello. Es claro que el desastroso accidente se produjo por culpa in vigilando cuando menos, al mantenerse una estructura defectuosa de las vías, cuyo resultado era, al menos, previsible. En vano las víctimas claman por una respuesta justa del Gobierno. El ministro del ramo calla y, a lo sumo, insulta a diestro y siniestro, con un estilo detestable que le caracteriza.