Por Julio Enrique Ávila Era genial, era bella y era apasionada. Demasiado esencia para un frágil envase. De allí que su alma fue como un brasero, que la inquietud mantuvo permanentemente encendido. La vida de Juana de Azbaje y Ramírez fue como un romance suave, arrullador, acompañado de música con sordina; pero en el que se guarda un suplicio tantálico, el suplicio de una sed incalmable; mas tan interior, tan recóndita, que sólo lo supieron las fuentes y los manantiales.